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Reseña y fotos del evento de noviembre 2018: “La presa ataca: cuando las mujeres responden a la violencia sexual”

Miércoles 5 de diciembre de 2018, por Ana Beatriz Peralta Córdoba


El jueves 29 de noviembre se llevó a cabo la última mesa del 2018 de Debates sobre feminismos, titulada La presa ataca: cuando las mujeres responden a la violencia sexual, moderada por Teresita Ramellini Centella. Las panelistas Tiffany Hall Campbell, Yuleysi Segura Irola y Natalia Astúa Castillo compartieron sus reflexiones en cuanto a las formas de respuesta que rescatan desde sus experiencias y análisis. La discusión se centró en considerar las múltiples categorías que inciden en la ejecución de actos violentos a las mujeres, que son legitimados por las estructuras institucionales patriarcales y a las cuales se puede responder desde formas artísticas y simbólicas.

Hall Campbell inició la discusión poniendo sobre la mesa la categoría de interseccionalidad, entendida esta en el contexto de la violencia sexual hacia las mujeres. El impacto de esta en una mujer, va a ser muy diverso dependiendo de las diferentes identidades que la atraviesen y que sean percibidas por ella y las demás personas. Su experiencia personal en cuanto a la violencia sexual la comprende desde cómo la ha sufrido hasta cómo elabora su respuesta a nivel individual y profesional. Los ataques que ha recibido de forma sexual en Costa Rica, principalmente sobre acoso, han estado acompañados del componente racial: la violencia sexual recibida asociada a su negritud. Así mismo, trajo a discusión la categoría de orientación sexual, que es una distinción más en cuanto a la forma de vivenciar la violencia sexual de muchas mujeres, en tanto una orientación que no sea heterosexual es percibida de formas distintas a otra que sí lo es.

Se preguntó sobre cómo se pueden integrar las identidades que atraviesan a las mujeres para responder y apoyar de manera más efectiva a la violencia sexual. Desde su práctica profesional, ese es el trabajo que intenta hacer, trayendo a discusión y educando desde una sexualidad que hable abiertamente sobre esta violencia. Así, busca fortalecer el proceso que lleve a validar las experiencias de mujeres violentadas, como parte de su proceso de sanación, reconociendo y apropiándose de sus diferencias. En este sentido, también es un reto para ella el enfrentarse a su propia disidencia y responder y actuar desde ella, validando sus vivencias.
Por su parte, Segura Irola elaboró una reflexión que la lleva a preguntarse sobre las formas de respuesta a la violencia sexual, entendiendo que esta tiene muchas esferas y está compuesta de estructuras que nos llevan a ser presas. Esta posición se ha constituido en un sistema doblemente depredador: capitalista y patriarcal, que depreda en los espacios públicos y privados. Esto, desde una imposición histórica y cotidiana de los roles femenino/masculino según la corporalidad física, que se imponen desde instituciones como la religión y la familia, haciéndolos ver como espacios seguros y donde se educa contra la violencia, lo que no se contrapone a los datos sobre violencia intrafamiliar y las respuestas de las organizaciones religiosas.

En ese sentido, también hizo una crítica a la revictimización institucional que se hace desde el Estado, como institución patriarcal que refiere a la figura del padre en la sociedad. La violencia sexual entonces, se legitima también de forma estructural desde por ejemplo, el sistema judicial, al revictimizar a la mujer violentada y volverse cómplice de quienes la agreden. Partiendo de esto, Segura Irola rescató las formas de respuesta en las calles que defienden la autonomía y la seguridad de las mujeres y de sus propios cuerpos, reivindicando otras formas de lucha y denuncia.

Astúa Castillo planteó entender la noción de la mujer como presa en tanto estamos inmersas en un sistema patriarcal, machista y misógino donde se nos cataloga como frágiles, las que soportamos el ataque, siendo esto legitimado y normalizado junto con los medios de comunicación, lo que se ve ejemplificado cotidianamente en piezas musicales o de publicidad a gran escala.

Su enfoque en la defensa o respuesta a la violencia sexual, estuvo centrado en el caso de juicio de Yakiri Rubio, en México: mujer lesbiana que fue raptada, golpeada y llevada a un hotel para ser violada. Como modo de defensa, Yakiri asesina a uno de sus agresores. Luego de esto, es la primer persona que sale presa en el evento. El movimiento feminista tomó fuerza e inició acciones de contragolpe de forma artística y simbólica. A los agresores no se les nombraba en los medios, mientras que en las consignas y denuncias se intentaba visibilizar esa complicidad de las instituciones con la violencia sexual vivida por Yakiri. En este sentido, para Astúa Castillo, el arte es una de las formas más válidas para defenderse, evidenciar y cuestionar realidades impuestas.

La discusión permitió visibilizar las formas en que se responde a la violencia sexual desde distintas aristas. Por un lado, entendiendo que desde la comprensión interseccional de esta violencia se puede responder para trabajar y sanar las agresiones, así como también a través de la transgresión pública artística y en defensa del cuerpo como respuesta y visibilización. Ramellini Centella cierra enfocándose en el sentido de cotidianidad de la violencia sexual hacia las mujeres, recalcando en lo fundamental del apoyo mutuo en cuanto al desarrollo de estrategias. A través de estas propuestas de reflexión, la violencia sexual hacia las mujeres se reitera como un tema diario y contemporáneo que no parece que pronto deje de ser un debate feminista, sin embargo, ante tal realidad, estamos respondiendo y evidenciando la complicidad que hay detrás de ella y que invita ahora más que nunca a ampliar el debate y la discusión.

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