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Reseña del debate: “Madre no hay más que ninguna: la maternidad en la historia”

Viernes 28 de junio de 2019, por María José Chaves Brito


La convocatoria del mes de junio, del proyecto Debates sobre feminismos, del Centro de Investigación en Estudios de la Mujer (CIEM), que cuenta con la coordinación de la Dra. Isabel Gamboa Barboza y la Dra. María Flórez-Estrada Pimentel, tuvo lugar el pasado miércoles 19, desde la mesa: ““Madre no hay más que ninguna”: la maternidad en la historia”. Dicho evento fue llevado a cabo en la Sala 1 de Audiovisuales de la Biblioteca Carlos Monge Alfaro, Sede Rodrigo Facio, de la Universidad de Costa Rica.

En este espacio, colmado de asistentes y con una gran aceptación en su transmisión virtual, las conferencistas María Flórez-Estrada Pimentel y Ana Constanza Rangel Núñez brindaron sus aportes en la temática, a partir de la moderación de Brenda Rodríguez Serrano. Posterior a unas palabras introductorias de la directora del CIEM, Montserrat Sagot, se dio inicio al debate.

María Flórez-Estrada hizo referencia a su presentación titulada: “Maternidades tradicional, moderna y postmoderna: una arqueología feminista de los discursos que construyeron el mito”. Habló de una investigación que realizó, en la cual partió de la premisa de que la maternidad no es una cuestión instintiva, sino una producción cultural; producida y productora de discursos y prácticas culturales y que debido a una visión biologista y esencialista, el “sentido común” asume que existió siempre y de modo igual.

Como parte de sus hallazgos, identificó tres discursos generales sobre la maternidad. El primero de ellos es la maternidad antigua, colonial tradicional o premoderna que se da en el marco de la episteme comunitaria, en donde se desarrolla una organización social jerárquica, organizada por el principio de autoridad patriarcal: quien “manda” es la ley del padre (este expresado en distintas manifestaciones) donde siempre la subordinada es la mujer. Este discurso, fundado en la economía política del honor masculino, se debe y cumple a la comunidad.

Asimismo, se caracteriza por lo que la conferencista llama el “complejo del telar”, donde a las mujeres además de que se les asignan las tareas domésticas, no pueden tener tiempo de ocio para desarrollar sus propias ideas. Se mostró un público atento y reaccionario a los ejemplos históricos que brinda María. Además, se formó una buena interacción con el público, debido a que este formó parte de la lectura de fragmentos de lo dicho por algunas personas entrevistadas por la investigadora.

En un segundo punto, hizo referencia al discurso de la maternidad moderna, el cual es introducido por filósofos y médicos higienistas, lo que paradójicamente demuestra que la maternidad no es instintiva: ahora los médicos modernos les van a enseñar a las madres, cómo ser madres, por ejemplo desde cómo amamantar. Se produce un llamado al orden en las mujeres, debido a que para que tengan una ciudadanía tienen que ser buenas madres; es un llamado al orden para que establezcan un apego a sus hijos mediante la lactancia materna.

Este discurso se da en el contexto de la episteme de la igualdad de derechos individuales entre hombres. Para las mujeres se mantiene la jerarquía sexual, pero se disminuye la jerarquía etaria, porque los hombres también eran oprimidos por el patriarcado: no podrían ser ciudadanos hasta que el padre les diera su autorización. Se va produciendo una ruptura del respeto (que era más un miedo y obediencia) de los hijos y se da un proceso de individualización ante la comunidad.

Nace la institución del “bebé”, que es considerado un hombre chiquito. Hay un replanteamiento de la idea del tejar, pues vuelven a la mujer a la domesticidad de la casa, en función de sus hijos y del marido, y nace el ama de casa. Asimismo, se fortalece el alimentar a los hijos con leche materna, sin importar si no es humana: las mejores son las cabras porque desarrollan apego con los bebés. El público ríe con esta intervención.
En tercer lugar, la maternidad postmoderna, se desarrolla en el episteme de la autonomía individual diferenciada, o de la diversidad. Las mujeres ahora pueden desarrollar cosas impensables, tales como controlar su fecundidad, postergar su maternidad o no quererla, preferir tener un hijo (a) sin tener marido, no quieren ser amas de casa, trabajan fuera del hogar y pueden acumular dinero propio.

La conferencista concluyó mencionando que la maternidad puede ser ejercida por cualquiera, sin importar su género o preferencia sexual, pues esta es un “simulacro”.

Por su parte, Ana Constanza Rangel, dirigió su intervención, tomando elementos poéticos, como el poema La Tristeza, de María García Zambrano. Escogió varias mujeres latinoamericanas que han trabajado el fenómeno de la maternidad, recurrente en la poesía. Cabe destacar que invitó a un “sentipensar”, a reflexionar sobre lo que se va sintiendo y pensando, a partir de las asociaciones y de las poesías como motivo para moverse; esto cautivó en sobre manera al público.

Comentó que conoce madres desde 4 lugares, a partir de su experiencia personal. Como primer punto elaboró la maternidad “desde hija niña e hija de anciana”, y abarcó en este ámbito la certeza de no ser aceptada ni querida, de que algo está mal en ella desde la mirada materna, la búsqueda de acomodo como mujer, el odio a la madre como adolescente, la esperanza de ser amada como adulta y la certeza de ser amada por la madre anciana, que en realidad era verdad que no la aceptaba. Aunó este punto al leer el poema Cáliz, de Juana Castro.

En un segundo elemento, habló de la maternidad “desde madre de niños y madre de varones adultos”, acompañada del poema Todos los Días, de Juana Castro, en el cual considera se hallan todas sus manifestaciones como madre.

El tercer elemento de la maternidad fue abordado “desde psicoterapeuta y psicoanalista”. Compartió que las mujeres se saben no queridas por sus madres y preguntan ¿por qué?, que tuvieron y son madres suficientemente buenas; que son madres de esposos, novios, amantes, jefes, compañeros; que no desean ser madres, que dicen querer ser madres y no pueden concebir, que tienen crías para retener hombres y que tienen crías para regalarlas a sus madres o padres, entre muchas otras consideraciones. Reflexionó esta situación a la luz del poema De cuando llegan las abejas de Begoña Callejón.

Como un último punto, en su experiencia como “asesora y perita en procesos judiciales”, recuperó características maternas tales como que no les importa destruir a sus crías para “ganar” una pelea, que tienen hijos o hijas con pensiones como “modus vivendi”, que cobran grandes cantidades de dinero por tener hijos o hijas, cuyos hijos o hijas son su negocio, que prostituyen a sus hijas e hijos, hijos e hijas que son amados y parentalizados únicamente por sus padres varones, que eligen algunos rasgos cromosómicos y sexos de su cría, y después arrojan al padre. Elevó esta deliberación, acompañada de la poesía El pájaro mudo, de Luz Pichél, y al brindar algunos elementos más de esta maternidad, terminó su intervención con un poema de María Ramos, llamada De Siamesa.

Finalmente, en un espacio concurrido y provechoso de intervenciones por parte del público, se reflexionó entre distintos temas, sobre cómo el uso del discurso desde la óptica biologicista, influye en la prohibición del aborto, en donde María Flórez- Estrada agregó que ni la Iglesia Católica ha sido consistente en este planteamiento. Asimismo, se cuestionó sobre el tema de la lactancia prolongada y las nuevas formas de maternar, relacionadas con los discursos que tienen que ver con el apego y con un contacto permanente con el niño o niña, ante lo cual Constanza habló de que esta no puede ser utilizada para justificar prácticas políticas y sociales y cómo podría ser una estrategia de sujetación.

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