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Reseña del debate: “Los estragos del patriarcado y la posibilidad de un encuentro: relaciones entre madres e hijas”

Jueves 13 de junio de 2019, por María José Chaves Brito


El proyecto Debates sobre feminismos, del Centro de Investigación en Estudios de la Mujer (CIEM), bajo la coordinación de la Dra. Isabel Gamboa Barboza y la Dra. María Flórez-Estrada Pimentel tuvo lugar una vez más, el pasado miércoles 22 de mayo, desde la mesa: “Los estragos del patriarcado y la posibilidad de un encuentro: relaciones entre madres e hijas”. Dicho evento fue llevado a cabo en la Sala 1 de Audiovisuales de la Biblioteca Carlos Monge Alfaro, Sede Rodrigo Facio, de la Universidad de Costa Rica. En el mismo, las conferencistas Roxana Hidalgo Xirinachs y María del Rocío Murillo Valverde brindaron sus aportes, a partir de la moderación de Daniela Sánchez Montenegro.

Roxana comienza hablando de una investigación que hizo con una población de madres e hijas, y enfoca su ponencia, en el caso de Beatriz, una joven hija de una madre migrante nicaragüense. Escoge la historia de Beatriz porque en su parecer, le permite ejemplificar de forma paradigmática, ciertas condiciones que considera fundamentales para comprender las relaciones de poder entre los géneros, la relación madre-hija y la experiencia migratoria. Analiza el papel de Beatriz, como mujer joven, migrante, de origen nicaragüense, sin poder económico, en su experiencia como mujer ante una relación ambivalente y contradictoria con su madre.

Comenta cómo en su juventud, tiene paradojas en su condición de migrante, en el paso de ser niña a adulta, y en sus vínculos familiares, sobre todo en la relación con su madre. Crece con una figura materna dominante, controladora, conservadora (frente a la agresividad y autonomía de su hija) que se aúna a las difíciles condiciones que vive, tales como la discriminación por su nacionalidad, y un abuso sexual. Roxana problematiza que Beatriz tenía un conflicto interno, que le dificultaba encontrar su identidad como mujer joven migrante, además de que le hacía perpetuar la relación intensa y asfixiante con su madre.

Finaliza este relato comentando que a pesar de las difíciles experiencias de su juventud (en donde incluso durante años no tuvo la apertura de acercarse a sus padres y compartir lo que le sucedía), desde entonces han tenido un lazo muy fuerte, lo que le ha costado bastante. Sin embargo, es un lazo que según Beatriz, está acompañado de culpabilización y sufrimiento compartido. Es por esto que ha tenido un proceso de desprendimiento, para lograr alcanzar procesos de autonomía nuevos. Este relato le permite comprender la aprehensión de su madre hacia ella, como hija, pero a su vez entiende que necesita romper este vínculo tan intenso que las une. Hay un conflicto entre la figura de identificación fuerte que es su madre y el salir de la casa e irse a vivir de forma independiente.

Roxana menciona que la relación madre-hija en la sociedad patriarcal es sumamente compleja, difícil y contradictoria: de un lado se socializa el mandato de identificarnos con las figuras maternas, aprender a ser como ellas, a ser mujeres; y por otro lado, debemos alejarnos de estas y aprender a ser autónomas, independientes y creativas. Esta ambivalencia se une al hecho de que las sociedades patriarcales han tenido una historia de distanciamiento, tabúes, invisibilización y prohibiciones sobre nuestra sexualidad, agresividad, autonomía, y sobre muchas cosas que somos y nos han negado ser. Asimismo, nuestras madres y abuelas han vivido estas historias; lo que lo convierte en una temática que es difícil de abordar.

Como elemento central en su análisis, toma una reflexión teórica, en relación con las experiencias de ruptura entre madre-hija, a partir de la emancipación femenina y los conflictos intergeneracionales. Comenta que las madres han enviado a sus hijas un mensaje contradictorio. “Conquistá el mundo por mí, pero dale continuidad a mi vida”: las mujeres les exigen a las hijas la posibilidad de lo imposible; por un lado les exigen mantener las tradiciones culturales intactas, pero por otro, romper con ellas a partir de las nuevas oportunidades de vida que se les ofrecen, de una manera en la que ellas mismas no pudieron hacerlo.
Este doble mensaje expresa una situación paradójica: por una parte debemos seguir siendo madres abnegadas y sacrificadas, sometidas a las necesidades y los deseos de lo otros, y al mismo tiempo salir al mundo y apropiarnos de las nuevas posibilidades de acción que se nos presentan.

Seguidamente, Rocío Murillo, habla sobre una imagen proyectada (es una niña dirigiendo a una orquesta), y cuenta que ella a sus quince años tenía un póster de una bailarina de ballet y que cuando entró a Psicología, la bailarina fue sustituida por el póster que presenta. Ahora lo buscó y encontró que era un anuncio para invitar a las familias españolas para que sus hijas estudiaran en la universidad. De manera anecdótica cuenta que en cierto momento de su vida, cuando se fue de su casa, el póster quedó allí pegado. En un ambiente ameno con el público habla de que tiempo después, su hermana le comentó que su madre había dicho: “qué vacilón que Rocío no se llevó el chiquito ese”. Entre risas del público menciona que traía anotado que si no hay risas y tiene que explicar esto, de nada valió el ejemplo.

Explica que, el mensaje que había querido dar a su madre no había llegado a su destino, o por lo menos, solo parcialmente. Ese mensaje que en primera instancia iba dirigido de manera consciente a su madre era un mensaje que tomaría al menos veinte años en llegar a otro destino particular: a sí misma, el día que pasaría de ser hija de mujer a ser madre de hija.

A partir de sus anécdotas personales, y con un público que entre risas responde a sus intervenciones, cuenta que en una revista mañanera, una vez escuchó a una psicóloga decir: “bueno es que lo que se ha descubierto es que en las peleas madre-hija, el principal tema de pelea es pelo, uñas y vestido”. Cuestiona a partir de la interacción con el público, esta situación.

Rocío cuestiona qué pasa cuando hay un lazo indisoluble y tan fuerte. Comenta que una se siente asfixiada, y a pesar de que hay un gran amor una necesita separarse; entonces, ¿cómo separarse? se devuelve a los planteamientos de Roxana.

Trae a colación un concepto de su segunda tesis, que significa estrago, y plantea que primero hay una relación muy idílica con la madre, como el encantamiento, y luego parte de que las mujeres tienen que pasar por una necesaria desilusión con la misma. Para que este lazo se rompa plantea dos hipótesis, la primera sería la imposibilidad de sostener una imagen, es decir la hija es para la madre muchas veces su espejo, en dónde se mira mejorada, en lo que no pudo hacer. Y por otro lado, el odio al doble, es decir, cuando hay solo un espacio y hay dos iguales, alguien tiene que morir. Entonces también hay una imposibilidad de mantener el amor en donde hay un doble que amenaza.

Concluye mencionando que tanto en el amor de pareja como en la relación con la madre, volvemos a encontrar el tema de la sumisión que tiene que ver con el poder. La sumisión se da por varios motivos: en ocasiones la sumisión de la hija se da por disimetría, la hija es una niña y la madre una madre, y esa es una función que cumplen algunas muchas mujeres; defiende que es una función, pero no la esencia de ser mujer.

Aunque la hija desde el principio da la lucha por la independencia de la madre que tiene, esa madre se ha construido también. Se construye de los actos de quien le hizo ser madre, pero también de las interpelaciones sociales sobre qué es ser madre, así como de su propia fantasía. La hija es hija de madre y eventualmente en su movimiento a la independencia podrá ver a su madre como una mujer y así de alguna manera liberar a la madre y ser hija de una mujer y no de una madre; y la madre debe tener clara esa distancia, que ella encarna una posición de poder y que puede ver a su hija de manera distinta.

Comenta que el significante madre es un instrumento de dominación, del poder creador de las mujeres. Asimismo, la madre es lo que ha sido construido sobre la derrota de la mujer. Es una necesidad política que la madre siga siendo madre.
Finalmente, anterior al espacio de preguntas, Daniela Sánchez de manera muy acertada y provocando un ambiente de reflexión en la sala, cierra el debate invitando al público a pensar en qué es ser mujer. Parte de que muy probablemente entre el público se posean perspectivas feministas y progresistas; sin embargo, plantea cómo en el exterior “afuera de nuestra esferita de cristal”, el principal significado que tenemos es el de procrear. Critica que nuestros cuerpos continúan siendo objetos de opinión pública y que se perpetúa el sentido de ser mujer como individuo de segunda categoría y que tenemos que satisfacer esa cuota obligatoria en nuestro deber como mujeres, porque arrastramos ese mandato estructural.

Cuestiona si se han fijado en cómo el patriarcado incita a la rivalidad, competitividad y criterio separatista entre mujeres, reflejado en la relación entre madres e hijas. Finaliza diciendo que para esta sociedad nacemos para ser una madre que cría a una hija, en la cual intenta formar una madre y cuidadora, con excepción del cuido a sí misma. La madre se invisibiliza para servir a la cultura patriarcal, y desde este conflicto nace la génesis de la separación de las mujeres entre sí; es por esto que acrecentar la relación entre madres e hijas es una tarea para las feministas actuales.

Como parte del espacio de preguntas, el público cuestiona acerca de la salida subjetiva y singular que tienen las mujeres hacia lo materno, en el contexto de la sociedad patriarcal. Asimismo, en otra intervención, partiendo de que no hay un “afuera” del poder, y que la maternidad es un significante, se realiza la cuestionante de cómo se podría expresar esta temática en quienes no somos madre, así como cuáles son las salidas posibles en la maternidad. Aunado a esto, se comparten algunas intervenciones cargadas de subjetividad y tensión a partir de las propias experiencias, en lo que consideran una maternidad mortífera.

Se retoma por parte de las conferencistas, el tema de la invasión de la significante madre, cuando la madre está insatisfecha porque “ha quedado ahí”, a partir de la salida de ese “callejón” por parte de la hija. Al respecto de las maternidades mortíferas, refieren que las hijas se vuelven como un “salvavidas”.

Se concluye el evento, mencionando que en la sociedad patriarcal, la maternidad ha sido una cárcel, una tragedia, un mandato desgarrador, destructivo, anulador de la autonomía de la mujer, pero que también puede ser maravillosa. Se defiende que la maternidad no es solo un calvario y que puede tener una potencialidad creativa enorme. Finalizan mencionando que esta experiencia puede ser maravillosa siempre y cuando sea decidida, nunca impuesta y cuando se tenga la capacidad de disfrutar esta maternidad.

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