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Reseña del debate: “Feminismos y diversidades sexuales y de género en las comunidades originarias, relatos de vida y lucha”

Miércoles 11 de diciembre de 2019, por María José Chaves Brito


El miércoles 20 de noviembre, tuvo lugar el último evento durante el 2019, del proyecto Debates sobre feminismos del CIEM. Cabe recordar que el mismo es dirigido por la Dra. Isabel Gamboa Barboza y la Dra. María Flórez-Estrada. Para esta ocasión, la temática abordada fue: Feminismos y diversidades sexuales y de género en las comunidades originarias, relatos de vida y lucha. En dicho espacio, Yanory Rojas Morales y Daniela Martínez Torres llevaron a la reflexión del público presente, física y virtualmente. Dicho evento fue llevado a cabo en la Sala 1 de Audiovisuales de la Biblioteca Carlos Monge Alfaro, Sede Rodrigo Facio, de la Universidad de Costa Rica.

El evento fue introducido por la Dra. Montserrat Sagot, directora del CIEM. Seguidamente, Yanory tomó la palabra y destacó que ambas participantes forman parte del Movimiento Indígena Interuniversitario de Costa Rica. La misma, lanzó ciertas preguntas al público: ¿Cuántos pueblos indígenas hay en Costa Rica?, ¿Cuántos territorios?, ¿Cuál es el porcentaje de población?, y en esta última resaltó la magnitud que implica ser solo el 2,4% de población en el país.

Posteriormente, Daniela, inició su intervención mediante la consulta al público sobre el número de investigaciones en el tema de derechos de pueblos indígenas en relación con la comunidad LGTBIQ+. Propuso que para abordarlo, es necesario partir de la identidad, como algo que se forma en el colectivo y a nivel individual. Hizo énfasis en que para la población indígena es de suma importancia el papel de la familia, de la comunidad y de quienes le rodean; es por eso que la formación de la identidad va a estar relacionada con quién es la familia, así como con sus decisiones a nivel personal.

También destacó la relevancia de las relaciones y roles de género, así como del sistema binario, desde el contexto de las personas indígenas. Mencionó que las investigaciones a las que hizo referencia al inicio, a nivel nacional no existen; y que en las familias indígenas, el tema de la identidad de género u orientación sexual diversa tan siquiera se aborda. Han crecido escuchando que “el hombre es hombre”, y “la mujer es mujer”, y ambos están hechos para formar una familia, donde la mujer cumple muchas veces el rol de reproducción. El matrimonio entre mujeres/hombres del mismo sexo no existe, puesto que los mayores, Sibú y Dios no lo han dispuesto así; menciona en su dialecto el decir de sus pares: “en nuestras familias y clanes no se da esto”.

Daniela cuestionó, la contradicción de que en las poblaciones indígenas no se aborden estas temáticas, cuando es una realidad latente, y lo abordó a partir de 3 claros ejemplos. En primer lugar, en Nuevo México, con los Dos Espíritus, y sus expresiones de hombres que cumplen roles femeninos y masculinos. En un segundo plano hizo alusión a una comunidad indígena trans de Colombia, que se ha movilizado en búsqueda de condiciones que permitan la libertad de expresión e identidad de género. Asimismo, se han movilizado porque para las comunidades y los líderes, lo que estas personas hacen está mal, “porque un hombre es un hombre y no debe expresarse o vestirse como una mujer”. En un tercer momento, habló de la población Muxe, quienes son zapotecas del istmo de Tehuantepec, que han luchado por mucho tiempo para ser una parte reconocida de sus comunidades. La palabra Muxe es una transformación de la palabra “mujer”, y no se le hace referencia desde una connotación binaria, pues declaran que es una identidad que han tenido de manera ancestral. Estas son personas que nacieron biológicamente hombres, y asumen roles femeninos de las mujeres zapotecas; por lo que adquieren el ser Muxe, como tener un género distinto.

La misma conferencista, mencionó haber destacado estas poblaciones internacionales, porque a pesar de sus largos caminos, han logrado hacerse visibles y en lo que respecta a Costa Rica, al menos en la población bribri, esto es bastante difícil de tratar. Ella dijo haber crecido bajo una cosmovisión que define los papeles del hombre y los de la mujer en polos muy fijos. Por lo tanto, al momento de asumir su orientación e identidad, ha tenido que enfrentarse a la situación en solitario: “usted va a descubrirse, aceptarse y expresarse en la medida que se le haga posible”.
Daniela finalizó su intervención exponiendo cómo se enfrentan a cuestiones de discriminación, primero porque son indígenas y segundo por pertenecer a la comunidad LGTBIQ+. El vacío de investigaciones en torno a la comunidad indígena y la diversidad sexual, la invitan a hacer visible esta población: “es momento de tomar la iniciativa y traer la discusión a la mesa”. Parte del proyecto que quiere llevar a cabo, es que las y los jóvenes y personas adultas puedan expresarse, afrontar esta realidad y reducir la homofobia.

Por su parte, Yanory reflexionó, acerca de por qué hablar de “ser mujer” en territorio indígena, por qué es preciso hablar de los cuerpos de las mujeres indígenas, qué significa ser mujer indígena, cuántos datos hay sobre violencia hacia mujeres en territorios indígenas y problematizó que no hay datos de este tipo de violencia.

Hizo énfasis en su intervención, en romper la visión de romanticismo, en torno a que los pueblos indígenas son de armonía, paz y tranquilidad; al tiempo que ha escuchado en el territorio donde habita, frases como: “date a desear”, “deberías ser más femenina”, “seguro estás en tus días”, “tenías que ser mujer”, “¿cómo se va a casar si no sabe cocinar?”, “el hombre llega hasta donde la mujer lo permite”.

Yanory contó que asistió a una escuela unidocente, con 15 niños y niñas aproximadamente, donde era posible escuchar patrones de belleza: la niña más blanca era la más bonita. Posteriormente, entró a un colegio donde se segmentaba la población estudiantil: los estudiantes que venían de afuera, y los de territorios indígenas, y también se repetían los patrones de belleza.

Con un público atento, Yanory manifestó que en los territorios indígenas también hay violencia sexual, pero se dice que no es correcto culpar al violador o que no hay que denunciar porque no les creen. También afirmó que las mujeres indígenas sufren acoso; pero a pesar de este panorama, no hay datos ni evidencia de lo que está pasando. Asimismo, hay violencia económica y estructural que pasa a nivel de la organización comunal. Ejemplificó el caso de una joven indígena que estudió Derecho, y cuando regresó al territorio no le delegaron un puesto de representación por el hecho de ser mujer.

Hizo alusión a que se mueven escenarios donde está implantando el capitalismo, el colonialismo y el orden patriarcal, y que por eso, pensarnos desde los cuerpos de las mujeres y colocar esta discusión, es entender que estamos atravesadas por múltiples opresiones, que precisamente se desarrollan en la vida cotidiana. Propuso que a las mujeres indígenas se les considera como cuerpos empobrecidos y que hay que empoderar, son las que están “abajo”, silenciadas y se les niega su sentir.

Por otra parte, trajo al escenario que la violencia de terratenientes es persistente. El territorio donde se habita sigue siendo una disputa por los privilegios de los hombres terratenientes, que llegan a esos espacios con ganas de robar recursos y violentar cuerpos. Es por esto que la primera amenaza que reciben las niñas y mujeres que tienen que atravesar los lugares donde hay disputas, es la violencia sexual. Aunado a esto, cuestionó qué pasa cuando son las mujeres quienes más se dedican a la tierra y no tienen el territorio: hay expropiación por parte de los megaproyectos, pero también hay una expropiación de los cuerpos.
Yanory finalizó su intervención invitando a repensar también en las mujeres indígenas que viven fuera del territorio: cuál es su vivencia, si estudian o no, si experimentan discriminación en la escuela. Además, mencionó que es complejo hablarle a las mujeres indígenas, cuando la Iglesia es a veces la que cumple el papel que el Estado no hace; de este modo, dicha institución ha tenido un peso enorme en la visión reproductiva, labores de cuido, etc. Expresa lo chocante que le resultaba que en la escuela se leyera el Padrenuestro en el dialecto original. En suma, mencionó que no sirve de nada luchar por las tierras, si se sigue escondiendo lo que pasa en territorios indígenas en torno a la violencia.

Como un último momento, en un espacio concurrido de intervenciones por parte del público, uno de los participantes en alusión a lo expuesto por Daniela, hizo referencia a la complejidad de reconocerse con una orientación sexual diversa, si esto implica verse excluido de su identidad familiar: ¿Cómo lidiar con eso, cuando asumir una identidad te impide mantener la otra?. Otra participante aunó a esta pregunta, cuestionando cómo se construyen raíces propias para construir una identidad, posterior a una situación de este tipo.

En la devolución que realizó Daniela, mencionó que “salir del clóset” evoca al miedo y el rechazo, porque a pesar de que en los territorios indígena se hable de unidad, lealtad y trabajo mutuo, si alguien se reconoce como parte de la comunidad LGTBIQ+, va a ser rechazado por su familia y recibir comentarios constantes. Reconoció que si ella misma no se “salió del clóset” antes, fue por pensar a dónde iría, cómo haría para continuar: “Salir del clóset es sinónimo de perder la familia”. Recalcó la dificultad de esta situación, y que en su caso, el diálogo fue lo que permitió que su madre aceptara lo que ella es. Todo este escenario es una de las barreras por la cual muchos y muchas jóvenes tienen miedo de decir quiénes son, y las personas adultas se mantienen ocultas. Daniela ve en este tema, retos que hay que enfrentar.

Finalmente, se les cuestionó a las participantes cómo se acercaron al feminismo y a la diversidad sexual y de género. Daniela mencionó que palabras como “feminismo” y “patriarcado” no están presentes en su vocabulario. A pesar de que ella creció viendo a su mamá como una lideresa que lucha por los derechos de las mujeres, esta no sabría identificarse como feminista porque no sabe qué es. En su caso, lo asumió después de compartir en diversos espacios, y ver a su madre y otras mujeres; ahí empezó a ver la lucha de las mujeres indígenas. En cuanto a la diversidad sexual, esto lo ha tenido que enfrentar sola porque es algo que no se habla. Ha logrado comprender esos aspectos porque cuenta con herramientas como la tecnología y el espacio universitario.

En lo que respecta a Yanory, comentó que en su hogar tampoco se mencionaban esos conceptos. Se empezó a acercar a partir de las mismas experiencias de las estudiantes con las que compartía y entendió que no habían sucesos aislados. Pero también reconoce haber estado en espacios de “feminismo blanco” donde no se ha sentido cómoda, porque no ha sentido oportunidad de visibilizar sus problemáticas, debido a la percepción de que como mujer indígena debe mostrar lo llamativo y lo exótico de ser indígena. Sin embargo dijo haber encontrado ese espacio a partir del feminismo comunitario.

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