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¿Qué es eso que duele tanto y no debiera? Notas sobre una investigación en curso

Lunes 10 de junio de 2019, por María Isabel Gamboa Barboza


Dice ella que desde que estaba en la escuela prefería quedarse en el aula durante los recreos. Dice que todos los años de escuela lo hizo pues tenía miedo de salir y que las niñas y los niños le gritaran y se burlaban de ella porque no era femenina. Para ella, el encierro era preferible que el afuera, donde quedaba a expensas del grupo y sin la protección del maestro. Sus vivencias constantes de acorralamiento escolar y de tachadura social de su propia subjetividad, le causaban un sufrimiento tal que en varias ocasiones pensó en suicidarse.

Él dice que no entendía qué le pasaba, pero estaba seguro de que tenía algo malo. Siempre se sintió niño pero el peso que le ponían en sus hombros eran vestidos y reclamos de comportamiento femenino. También decidió, como ella, quedarse en el aula durante los recreos, para no quedar expuesto a la infamia ajena. Como ella, pensó en suicidarse varias veces como una salida a lo que interpretaba como un defecto propio.

Eso es lo que tiene el peso de la ley social, que coloca en las personas la culpa de aquello de lo que son sujetas. Por eso el pensamiento de suicidarse, como encontré en varias personas entrevistadas, es tan común: porque habla del sufrimiento que causan los demás, pero también del que ocasiona tener que lidiar con la propia culpa.

Estos testimonios -productos de unas entrevistas en profundidad que realicé- ilustran lo que puede tener que vivir una persona que no luzca o se comporte según fue ubicada como niña o niño. No es poca cosa, es recibir, de forma permanente y de parte de toda la gente que les rodea, un recordatorio constante de no ser suficientemente buenas, un llamado disciplinar a autocorregirse: la niña sentarse con las piernas cerradas, hablar bajo, ponerse short debajo de la enagua, no ir detrás del gimnasio, no jugar con los niños… (Todos, recordatorios del peligro que corre de ser violada y de su responsabilidad de cuidarse sola). El niño, el niño: no ser niña.

Este comportarse correctamente, cotidianamente recordado y marcado a fuego, tiene un ahora pero también un futuro; se trata de un para que te hagas una buena mujer y un buen hombre, para que tengas una pareja bien heterosexual, para que con ella tengas buenas niñas y buenos niños que deberán ser bien heterosexuales.

Desalojado el propio deseo, y el propio cuerpo, entonces, eso que duele tanto, que no debería doler, es el propio yo.

2019: Año de las universidades públicas por la igualdad de género, la no violencia y una sociedad más justa