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Palabras iniciales del evento sobre heterosexualidad, 26 de julio 2017

Lunes 7 de agosto de 2017, por Montserrat Sagot Rodríguez


Buenas tardes, agradezco la presencia de todas y todos ustedes en esta tarde.

Agradezco especialmente a las panelistas por aceptar esta invitación para discutir sobre un tema del que casi no se discute, -la heterosexualidad-, porque se asume que es parte de lo normal, de lo natural. Esta actividad forma parte del proyecto Debates sobre Feminismos que desarrollamos desde el CIEM bajo la coordinación de la profesora Isabel Gamboa.

Para empezar, habría que decir que a lo mejor nuestras panelistas no son tan normales como ellas piensan. En todo caso, solo serían consideradas normales desde hace relativamente poco tiempo. De hecho, antes de 1868, no había heterosexuales, así como tampoco había homosexuales. Mientras que el tener relaciones coitales con personas del mismo sexo es claramente tan viejo como la humanidad misma y se practica en todas las especies de animales, humanos y no humanos, el concepto de la heterosexualidad como una identidad, como una forma de definir a una persona, es relativamente reciente. De hecho, se inventa primero la categoría de homosexual que la de heterosexual.

Y la definición de la heterosexualidad como lo “normal” es todavía más reciente. El Diccionario Médico Dorland, en 1901, definía la heterosexualidad como “un apetito anormal y perverso hacia el sexo opuesto”. Dos décadas más tarde, en 1923, el diccionario Merriam Webster la definía como “una pasión sexual mórbida por el sexo opuesto”. Fue hasta la década de los años 30 aproximadamente que ya empezaron a surgir las definiciones que hoy nos resultan familiares. Es decir, la heterosexualidad como la manifestación normal de la pasión sexual por el sexo opuesto o como la sexualidad normal.

Evidentemente la heterosexualidad se ha visto como natural y normal por su asociación al coito con fines reproductivos. Pero la heterosexualidad no es lo mismo que el sexo reproductivo. En ese sentido, la heterosexualidad tiene una corta historia en el devenir de la humanidad porque hasta hace relativamente poco las personas no eran clasificadas y definidas por el tipo de deseos sexuales o amorosos que tuvieran. Los actos sexuales, por supuesto, eran catalogados y definidos, como buenos, malos, puros, nefandos, etc., pero el énfasis era en los actos, no en las personas.

Es decir, actos heterosexuales han existido siempre, pero no personas heterosexuales. De Igual manera, actos sexuales entre personas del mismo sexo han sido practicados en todas las épocas y culturas, pero no existía la homosexualidad como una categoría para clasificar individuos.

Ambas son entonces construcciones sociales recientes, gramáticas clasificatorias con una clara vocación de control. Ambas son parte de la biopolítica de la modernidad capitalista y heteropatriarcal.

Y entonces, ¿Cómo viven las mujeres que han sido clasificadas dentro de esa gramática como parte de la normalidad? ¿Cómo experimentan los mandatos tan fuertes que ayudan a sostener a la heterosexualidad como la “normalidad”? Les dejo entonces con nuestras panelistas para que nos cuenten.

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