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¿Las mujeres nacen o se hacen? Palabras iniciales y fotografías del evento del 30 de agosto 2017

Lunes 4 de septiembre de 2017, por Montserrat Sagot Rodríguez


Buenas tardes, agradezco la presencia de todas y todos ustedes en esta tarde.

Agradezco especialmente a las panelistas y la moderadora por aceptar esta invitación para discutir sobre una temática, -el sexo y el género-, que muchos plantean como fija y estática, mientras que otros y otras nos dicen que es justamente aquí cuando entramos al terreno del amplio espectro, de las variaciones, de la fluidez y de lo multidimensional. Escucharemos entonces a nuestras ponentes hablar de esos procesos y de cómo ellas los han encarnado. Esta actividad forma parte del proyecto Debates sobre Feminismos que desarrollamos desde el CIEM bajo la coordinación de la profesora Isabel Gamboa.

El sexo y el género están presentes en todos los aspectos de nuestras vidas. Cada vez que usamos un baño público, compramos ropa, contestamos cuestionarios, llenamos solicitudes, se nos recuerda insistentemente que tenemos que ser hombre o mujer. El binarismo está presente en todos los elementos que organizan la sociedad. Incluso las cosas que no tienen nada que ver con el sexo o el género, como el cine, la literatura y hasta la comida, son muchas veces clasificadas como femeninas o masculinas. Las ensaladas son una comida femenina, mientras que un asado con papas es una comida masculina. O eso dicen.

Algunas de estas tradiciones y convenciones están empezando a ser cuestionadas desde diferentes frentes. Desde las teorías feministas que cuestionan el esencialismo de género, hasta los debates en Estados Unidos sobre el uso de los baños públicos.

Muchos de estos discursos se han centrado en el género, más que en el sexo, supuestamente porque el género es entendido como una construcción social, subjetiva y performativa. El sexo, por otra parte, se ha entendido como fijado naturalmente y con menos espacio para las variaciones. Es decir, las personas tienen dos cromosomas X o uno X y uno Y, ovarios o testículos, vagina o pene. Sin embargo, las últimas investigaciones científicas, y ya no estoy hablando de las teorías feministas sobre la construcción social del género y la performatividad, nos dicen que la misma construcción del sexo tampoco es tan simple y binaria. Estas nuevas investigaciones cuestionan las asignaciones rígidas no solo de género, sino también de sexo.

Ahora bien, aquí surge una pregunta, ¿si vivimos esa tendencia a cuestionar los binarismos, hasta de sexo, la existencia de las personas trans no fomenta el esencialismo? ¿No hay una reproducción de los roles, apariencias y mandatos tradicionalmente asignados a mujeres y hombres?

Mi respuesta es que no. Los procesos de transición justamente nos muestran la fluidez y la existencia de muchos estadios intermedios de ser hombre, mujer o ninguno. Además, el esencialismo fusiona el sexo con el género, mientras que la existencia trans nos muestra que estas dos categorías están o pueden estar desligados. La existencia trans nos ayuda, más bien, a romper con la idea de que una persona está permanente y biológicamente atada a su sexo y afirma la idea de la autonomía sobre el propio cuerpo y de la posibilidad de alterar sus contenidos, independientemente de las normas tradicionales.

Por eso, la tarde de hoy le damos la bienvenida a estas discusiones y, sobre todo, a escuchar las experiencias de dos personas que representan la encarnación concreta de que ni el sexo ni el género son estáticos, fijos o binarios.

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1987-2017, del PRIEG al CIEM: treinta años de investigación, acción y reflexión feministas