Universidad de Costa Rica

Portada del sitio > Actualidad > La peste negra y la ideología de género

La peste negra y la ideología de género

Jueves 8 de febrero de 2018, por Yadira Calvo Fajardo


Durante el circo de la última campaña presidencial, en que, con alguna honrosa salvedad, los candidatos han puesto en evidencia su baja calificación para el puesto que pretenden, ha salido a relucir una y otra vez la frase “ideología de género”, de la que uno y otro y hasta otra, se sacuden rápidamente como si se tratara de una araña pica caballo: “Yo no”, “conmigo no va eso”, “hay que eliminarla”, “es inaceptable”. Cabe la duda de si saben de qué están hablando. Por la forma en que se ha planteado en el país, se trata de una especie de nueva peste negra que amenaza la familia, la sociedad y hasta la vida humana. Un día, a Judith Butler, una de las más importantes filósofas feministas de la actualidad, le prohibieron, en Brasil, dar una conferencia sobre democracia, que temían fuera de género; le tiraron tomates y la quemaron en efigie. Es un aviso. Otro día podríamos volver a ver hogueras públicas alimentadas con carne hereje.

El asunto no es solo nacional: viene, desde el cono sur, recorriendo los países latinoamericanos excitando a las multitudes a través de ciertos líderes religiosos. Pero una sana posición es averiguar lo que no se sabe y dudar de lo que se nos dice. Tiene su riesgo hablar por boca de ganso, o por boca del pastor o del cura del barrio. Al fin y al cabo, para eso contamos con 14.000 millones de neuronas cerebrales. Si buscamos un poco, damos con la madre del cordero: un libro de 2010 escrito por el argentino Jorge Scala, bajo el título “La ideología de género o el género como herramienta de poder”, y traducido al portugués por una editorial evangélica.

Parece que hay algún antecedente de la idea en algunos documentos del Papa anterior.

El libro es un claro ataque contra el feminismo. Parte de definir el vocablo “ideología” tal como él lo va a usar, como una construcción basada en una premisa falsa, indemostrable y doctrinaria, que intenta “brindar pautas universales de comportamiento” y “puede llegar hasta el fanatismo más irracional”. Pone como ejemplo el nazismo. Partiendo de ahí, ya está claro para dónde va: por si no se ha notado, va para atrás: hacia la atribución de las imposiciones sociales a la biología; hacia la idea de que mujeres y hombres nacieron para cosas diferentes establecidas por la naturaleza; que el concepto de “violencia de género” es una estrategia para imponer los “derechos sexuales y reproductivos -incluido el aborto; que cuando hablamos de “familia democrática” donde “todos los miembros opinan y resuelven por igual”, solo queremos decir familia sin autoridad. Para Scala, familia sin autoridad (claramente se entiende que masculina), es familia destruida; familia destruida, es sociedad destruida. Todo eso es lo que, a juicio del autor, significa la “ideología de género”. Y por supuesto, la gente que escucha las apocalípticas consecuencias que se le atribuyen, tiene que ir a pedir con pancartas por las calles que eliminen las guías sexuales para que la profecía no se cumpla. Por cierto, los predicadores se autodenominan” “profetas” “apóstoles” para conferirse mayor autoridad.

Entre las muchas tergiversaciones de Scala está la de que según la supuesta ideología, “cada quien podría “autoconstruir” -sin condicionamiento biológico ni ningún otro límite-, su propia sexualidad”. Las “consecuencias teóricas” son: “ya no habría más varón ni mujer”; “todos los tipos de uniones de los sexos tendrían el mismo valor antropológico y social”; se eliminarían el matrimonio y la patria potestad.

Para quienes de buena voluntad creen que ese tipo de ideas les están conduciendo a Dios y a la rectitud moral, es bueno aclarar que el feminismo nunca ha propuesto semejante insensatez. Lo que ha propuesto es que los “roles de género”, no los sexos, son creaciones sociales. Es decir, no hay nada en la naturaleza humana que determine por qué un hombre no pueda, por ejemplo, lavar platos en su casa y sin paga, pero sí en un restaurante y con cheque. No hablamos de construir a gusto la sexualidad, sino de respetar la orientación o la identidad sexual de las personas, sea cual sea, sencillamente porque es inhumana, egoísta y absurda la idea de que no debe ser así.

2018: investigación feminista para una sociedad inclusiva, diversa y justa