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La escuela, para alguna gente, puede ser un martirio

Lunes 14 de mayo de 2018, por María Isabel Gamboa Barboza


En una investigación anterior [1], estudié cómo se ha representado y construido la sexualidad en los niños y las niñas a partir de los libros usados para su educación. Para ello, comencé buscando los documentos publicados por el Ministerio de Educación Pública (MEP) desde la década de los años sesenta; seleccioné los de la materia de Ciencias y de Estudios Sociales, cuyos contenidos estuvieron relacionados con el tema de estudio,y realicé un análisis de contenido y de discurso del contexto en que fueron producidos y las personas que los escribieron; de los contenidos, los códigos usados, los canales que se utilizaron, los temas y el tiempo de discurso que se privilegió.

Entre los hallazgos que encontré sobresale la presencia, en dichos libros, de al menos cuatro paradigmas sobre la sexualidad, muchas veces de forma sobrepuesta: 1) en las décadas de los años sesenta y setenta, un modelo que prefiere una aparente omisión, que solo hace breves menciones de la sexualidad desde lo biológico-reproductivo, que tiene una idea de la infancia como una etapa no sexual donde el género no tiene importancia. 2) A inicios de los años ochenta, prevalece un paradigma centrado en lo reproductivo y heterosexual, con el género emergiendo como fundamental en estos textos. 3) A finales de esa misma década, con la publicación de una colección de libros nuevos, el enfoque está puesto sobre una racionalidad científica, y emergen algunas características del discurso sexológico. 4) Por último, un cuarto paradigma, ubicado a partir de los años 90, se da una dominación de la sexología y un discurso permanente de peligro sexual.

En particular, encontré varias semejanzas en los textos estudiados: la negación del tema de la masturbación; un pensamiento género-conservador que favorece la idea de que existen únicamente dos sexos, a los que se corresponden dos géneros, que se caracterizan por una relación de complemento entre sí; la centralidad de la reproducción; un paradigma esencialista de la sexualidad; la idea, afín con la doctrina católica, de que el sexo es algo “maravilloso”, y el pensamiento de que es necesario y urgente educar en la sexualidad.

Como producto de dicha investigación, propuse que las representaciones en torno al sexo y el género en los libros usados, por el MEP, para educar a los niños y a las niñas costarricenses, constituyen un sentido de normalidad muy restrictivo y severo que podía ocasionar en ellas y ellos sentimientos de inadecuación y desconsuelo.

Y esa conclusión es, precisamente, la que da origen al proyecto: La civilización de los cuerpos: pedagogías sexuales y de género en la educación primaria costarricense, en la que analizo los dispositivos disciplinarios, sexuales y de género, que vivieron un grupo de personas, estudiantes actuales de universidades públicas, durante su educación primaria, así como los mecanismos de afrontamiento o respuesta frente a dichas experiencias, incluyendo sus sentimientos de alegría y sufrimiento. Esta vez, además del análisis de los libros de texto usados en la primaria, entrevistaré en profundidad a personas adultas, para tener una narrativa de las experiencias personales de la población.


[1Puede leer un ensayo al respecto en: Revista Historia, ISSN: 1012-9790, No. 61-62, enero-diciembre 2010. / pp. 115-147

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