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La Extra nos recuerda que no debemos olvidar

Miércoles 5 de septiembre de 2018, por Yanet Martínez Toledo


En la creación de sentido sobre la vida de las mujeres, los medios de comunicación tienen un importante rol, tanto para narrar las vidas de las mujeres, a partir de una determinada agenda mediática, como para enjuiciarnos, especialmente si somos víctimas de algún tipo de violencia.

En los casos de femicidio, especialmente se percibe esta tendencia al enjuiciamiento que se expresa básicamente en tres niveles:

  • La exposición del cuerpo físico de las mujeres con imágenes que “describen” un momento específico de sus vidas
  • La “descripción” de la relación de las mujeres con sus agresores, si este es conocido
  • La evaluación del pasado de las mujeres y la relación del mismo con la violencia sufrida

Destaco la palabra descripción, pues desde una perspectiva tradicional del periodismo podríamos pensar que eso es lo que debería hacer una noticia que se dice informativa: confrontar los hechos a partir del acceso a fuentes. Pero este principio no funciona de manera idéntica para todas las formas de hacer periodismo. Especialmente si hablamos de periodismo de sucesos.

Lo que queda de la violencia contra las mujeres en el periodismo de sucesos, es el cuerpo de las mujeres, expuesto y juzgado. Se trata de una exposición que en sí misma, ya contiene las preguntas que a veces se escucha en voz de testigos: ¿qué habrá hecho esta mujer para que algo así le sucediera? ¿dónde estaba? ¿con quién? Estas preguntas, que después se repiten en las discusiones en redes sociales.

Lo que queda del acto violento es la pregunta sobre quién era ella y cómo llegó a esa situación, cómo si fuera posible llegar sola a su propio femicidio, a su propia violación.

Los medios de comunicación no describen, inscriben en la memoria colectiva la reproducción sistémica de estereotipos que convierten a la víctima en culpable, generando una sensación de alejamiento de otras mujeres. Al instalar la culpa en las mujeres se establece una dinámica que impide a la opinión pública en general ver la violencia contra las mujeres como un proceso sistémico y se centra en los casos puntuales; no permite identificar los perfiles de agresores más allá de la agresión.
Pero si deja en la memoria mediada por las noticias el cuerpo expuesto, violentado, de las mujeres.

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