Universidad de Costa Rica

Portada del sitio > Actualidad > Heidi: ¿Una víctima de trata de personas?. Reflexiones sobre un cuento (...)

Heidi: ¿Una víctima de trata de personas?. Reflexiones sobre un cuento infantil

Miércoles 24 de octubre de 2018, por Mónica Sancho Rueda


¿Recuerdan el relato de Heidi y su abuelo?
Es un cuento infantil escrito en 1880 por la suiza Johanna Spyri, quien con mucha visión narra la historia de cómo una niña huérfana sobrevivió a la crueldad de la sociedad, a la desvalorización de su voz de persona menor de edad y a la trata de personas.

Sí, a la trata de personas. Siempre se sorprenden en el Curso de Trata de Personas que impartimos en el CIEM cuando lo menciono y varias personas quisieran que no fuera así. Detrás de los hermosos paisajes que nos ha vendido la empresa cinematográfica y televisiva, Heidi vivió cada una de las fases de este crimen organizado.

Repasemos primero ¿qué es trata de personas?

En el Protocolo de Palermo (2000) se recoge el siguiente concepto:

“Artículo 3. Definiciones. Para los fines del presente Protocolo:
a) Por «trata de personas» se entenderá la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra,
con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos;
b) El consentimiento dado por la víctima de la trata de personas a toda forma de explotación intencional descrita en el apartado a) del presente artículo no se tendrá en cuenta cuando se haya recurrido a cualquiera de los medios enunciados en dicho apartado;
c) La captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de
un niño con fines de explotación se considerará «trata de personas» incluso cuando no se recurra a ninguno de los medios enunciados en el apartado a) del presente artículo;
d) Por «niño» se entenderá toda persona menor de 18 años”.

Ahora revisemos la experiencia por fases en el caso de Heidy, en una de las versiones del cuento.

Fase captación:
La tía Dete está en Alemania y le ofrecen comprar una niña para el servicio de Klara Sesemann. Hay una demanda y surge una oferta. La reclutadora Dete, hace un estudio de precaptación, reflexiona sobre cuál niña coincide con el perfil demandado. Recordó a su sobrina Heidi, quien es una niña huérfana a la que tuvo que cuidar durante unos años sin ayuda de nadie y ahora podría recuperar algo de su esfuerzo no reconocido. Además, recordó que el abuelo de Heidi en realidad no la había querido, si no que ella la fue a dejar hasta la montaña de Alm en los Alpes Suizos y la dejó en casa del Abuelo sin que él quisiera hacerse cargo de su nieta, a pesar de las advertencias de algunas personas del pueblo.

Llega a la casa del Abuelo, primero intenta la táctica del engaño, uno de los medios de la fase de captación; le quiere vender un sueño:
… hay una familia rica que necesita una niña para acompañar a su hija enferma, tendrá oportunidad de estudiar, de educarse y quién sabe si hasta de que Klara fallezca y Hedi herede esas riquezas.

El problema es que el Abuelo ya tenía una relación familiar establecida con la niña y entonces la rechazó firmemente.

Sin embargo, Dete tenía todavía un as debajo de la manga, lo coaccionó:
… Si llevara a estrados judiciales la discusión de la “custodia” de la niña fácilmente ganaría, pues es un “viejo uraño”, que no ha llevado a la niña a la escuela o a la iglesia, no contará con testigos que lo apoyen pues no tiene amigos en el pueblo, más bien le temen y siempre hablan mal del Viejo de los Alpes…

Así las cosas, no le quedó otra salida que retarla a que ella misma convenciera a Heidi de irse con ella a la ciudad de Fráncfort del Meno en Alemania; en realidad el Abuelo contaba con que sería difícil que convenciera a su nieta de alejarse de sus queridas montañas.

Entonces Dete vuelve a usar la táctica del engaño y le dice a Heidi que van a pasear a Fráncfort y que ahí le comprará cigarros al Abuelo y pan a la Abuela de Pedro su amigo. La niña le dijo que no quería ir, pero la terminó de convencer diciéndole que volverían el mismo día.

Fase traslado y transporte:
Así las cosas, Dete se llevó a Heidi. Caminaron, bajaron la montaña, Heidi estaba llena de ilusión de poder comprar los obsequios y corría con tal de volver el mismo día como le había informado su tía.

Llegaron al centro de la comuna de Maienfeld para tomar el tren con destino a Fráncfort. En ese lugar la niña ve caer la noche y descubre la mentira de su tía, se da cuenta que está en problemas, a merced de Dete, y sin posibilidades reales le cuestiona, le dice que quiere volver con su abuelo; pero su tía, sin remordimientos, se la lleva a la fuerza al ferrocarril.

La niña llora, forcejea con Dete, pero ninguna persona adulta la auxilia. ¿Porqué ocurre esto? Porque Heidi es una niña, una “menor” y por lo tanto sus “lloriqueos” son interpretados como mala educación.

Para esta fase ya Heidi había perdido su libertad, su derecho a mantenerse con la familia de su elección que era su abuelo y la familia de Pedro; la habían sustraído de su hogar y su lugar de origen, era trasladad a otro país, otra cultura.

La acogida:
Llegan a la casa de la familia Sesemann y las recibe finalmente la señorita Rottenmeier, quien es la institutriz de la niña Klara Sesemann. En ese momento inicia la negociación que no fue pacífica, pues la institutriz desea una niña de la edad de Klara y no una de la edad de Heidi quien sólo contaba con 5 años de edad. Debido a que Dete, le temía al Abuelo y no quería dejarse a la niña insiste y termina dejando la niña en ese lugar.

En medio de la conversación inicial, la señorita Rottenmeier pregunta por el nombre de la niña, ¿recuerdan esa parte? Y la niña dice Heidi, lo que molestó a la institutriz y exigió que le dieran su nombre cristiano y Dete le contestó que era Adelaida como su madre, es decir desde ese instante le arrebatan otro de sus derechos, su derecho a usar su nombre, su identidad.

En este lugar debe seguir ciertas reglas que desconoce y que le exigen que debe dominar, no puede usar su propia ropa, desechan sus pertenencias, debe dormir en su dormitorio y mantenerlo en perfecto orden y sin ningún tipo de personalización, se da cuenta quién es la que da órdenes y que debe acatarlas sin importar sus sentimientos o deseos personales, recibe la orden de acompañar a Klara en sus clases aunque la niña de la casa tiene 12 años y Heidi 5 años, es presionada para que llegue al nivel de estudio de Klara aunque la ahora Adelaida no sabe leer ni escribir.

En la acogida se le dan las reglas a la víctima de trata de personas, se le explica quién manda y qué le toca hacer y es muy usual que se lesione la identidad de la misma y se le dé un primer trato de sometimiento para que aprenda que si no obedece va tener un castigo, y si se escapa es muy probable que la vuelvan a atrapar y la disciplinen.

Fase de explotación:
Ya concretado el desarraigo, en el que Heidi no puede volver a su casa, no tiene acceso a comunicarse con su abuelo, que incluso desconoce dónde está y no sabe hacia dónde quedan los Alpes, ella llora por su pérdida y cree que si se porta bien por unos días tal vez la dejen retornar a su hogar y la dejen de maltratar.

Además, hace amistad con Klara, pues la niña es una persona con discapacidad física que le impide caminar y es evidente que en ese lugar Klarita ocupa compañía, para no vivir sola con la amargada y cruel señorita Rottenmeier.

Inicia la fase de la explotación. Se preguntarán, pero ¿cuál explotación? ¿cuál es el fin?, la niña no sufre explotación sexual, laboral o extracción de órganos, Heidi está ahí para darle compañía de forma forzosa a Klara, debe estar a su servicio y cuando Klara duerme ella debe encerrarse en su habitación como si fuera una muñeca de juguete que debe esperar a que la otra quiera o no compartir su tiempo y su tratante receptora la señorita Rottenmeier está ahí para obligarla a cumplir su rol.

La niña intenta huir para buscar a su abuelo, pero no conoce la ciudad y se pierde, no logra encontrar una forma de marcharse para llegar a los Alpes y desgraciadamente la señorita Rottenmeier la encuentra y la lleva de nuevo a la fuerza a la propiedad de los Sesemann. Queda muy claro que no tiene libertad para irse, debe mantenerse en Fráncfort en contra de su voluntad y queda evidenciado en ese momento que la pueden encontrar, aunque se escape, por lo que no tiene escapatoria alguna.

En este punto es necesario acotar que las personas que rodeaban la explotación, aunque fueran personas amables y educadas tenían naturalizada la situación. Aunque las personas trabajadoras en la casa sentían que el trato era cruel, tenían muy claro que no podían interferir pues podían sufrir represalias y por ello le temían a Rottenmeier.

A Heidi la coaccionan y le dicen que Klara se enferma por su culpa, que debe dejar de pensar en los Alpes, su Abuelo y demás amistades, debe reprimir todo lo que siente, debe callar el dolor que la invade por el bienestar de Klara, debe transformarse en alguien que no es, borrar su identidad, su autodeterminación, su autoimagen, borrar su familia y obedecer, la anulan como persona y por supuesto que la niña se deprime y enferma.

Fase de salida:
Sus captores directos, son influenciados por el médico de la familia y le ordenan a su receptora la señorita Rottenmeier que la envíe de vuelta a los Alpes.

El nivel del daño emocional y psicológico en Heidi es palpable, la niña incluso dejó de alimentarse y esto no le importó a la receptora, quien por fin logró someter a Adelaida y volvió a tener control sobre lo que ocurría en la casa.

El retorno de Heidi es una salida deseada, pero poco probable en sus circunstancias. La niña al inicio no lo cree, se preparó durante tanto tiempo, incluso había guardado pan suave para su abuelita que desdichadamente le desecharon cuando lo encontraron en la casa.

Cuando por fin llega a casa de su Abuelo, él puede sin cuestionarse ver el daño psicológico que sufrió la niña y ahora debe ver como aborda su recuperación.

Como puede ahora comprenderse, esa es la verdadera historia de Heidi, por eso duele, porque es un cuento que recalca una de las vivencias que han sufrido nuestras mujeres al ser personas menores de edad, nada más que en nuestras zonas rurales las niñas y adolescentes fueron captadas principalmente para hacer trabajo doméstico en las casas en zonas urbanas o para explotación sexual, entre otras formas de explotación que han vivido las víctimas de trata de personas.

¡Denunciemos la trata de personas!

2018: investigación feminista para una sociedad inclusiva, diversa y justa