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El CIEM conectado es un CIEM mejor. Aportes de la web 2.0 al trabajo colectivo

Lunes 7 de agosto de 2017, por Eida Martínez Rocha


Las organizaciones, igual que las personas, tenemos una vocación incuestionablemente social que se expresa en necesidad de comunicación, reconocimiento, encuentro. La satisfacción en el logro de este cometido que nos aporta el uso de tecnologías 2.0 nos dice, quizás, que esto es cierto incluso en mayor medida de lo que creíamos.

Aparte de la vocación y la necesidad de la que hablamos, en el CIEM hemos asumido la responsabilidad de hacer un buen trabajo contando, cada vez más, con el público meta de nuestros esfuerzos en la lucha por cambiar patrones culturales y proteger los derechos de las mujeres.

Es así como, dentro de la gama de opciones que ofrece la sociedad 2.0, llamadas “herramientas de comunicación colaborativa” (Reig Hernández, 2012), hemos desarrollado algunas que interactúan y se complementan (sitio web, facebook, repositorio temático, lista de correo), permitiéndonos habitar un universo tecnosocial que nos facilita y orienta el modo de hacer las cosas. Un universo virtual que se constituye en un modo, necesario, de expresar y legitimar nuestro accionar.

Ocupar un lugar en el ciberespacio es relevante al para qué de nuestro quehacer. La brecha digital de género no sólo alude al acceso que, sabemos, en todos los países del mundo es mayoritariamente masculino, sino al uso de las TIC, dimensión compleja y donde más se marcan las desigualdades estructurales de género. Cuando accedemos ¿para qué lo hacemos? Es suficientemente conocido que en la web las mujeres somos convocadas, principalmente, a consumir y a reproducir el statu quo.

Nuestra propuesta virtual, vinculada al uso estratégico de la Web 2.0, tiene algunas bondades para el CIEM:

  • Logramos desarrollar, al mismo tiempo, tareas que son de información y divulgación con procesos de comunicación que nos vinculan con personas y organizaciones de modo directo. “La Web 2.0 se constituye en el escenario en el que convergen los usuarios, los servicios, los medios y las herramientas. Un terreno en el que estas relaciones tejen redes sociales en las que la clave es la participación, la posibilidad de conversar e interactuar”. (Tello Leal, 2010)
  • Tenemos una presencia 24/7 en el ciberespacio. En la presentación interna del sitio web del CIEM usamos un verbo en presente del subjuntivo, ¡naveguemos!, a modo de invitación, la cual sigue siendo oportuna. El mismo verbo en modo indicativo ¡navegamos!, nos señala que ya estamos en la web para ser conocidas, encontradas, buscadas, consultadas. Estamos con una propuesta que iremos mejorando.
  • Contamos con herramientas que, a modo de cartas de presentación, nos permiten proyectarnos en el mundo alcanzando mayor divulgación e impacto. “Cuando hablamos de internet nos estamos refiriendo al medio más universal, con el ritmo de penetración social más rápido de la historia” (Reig Hernández, 2012).
  • Es económico hacer uso de internet y de algunas de las posibilidades de la web 2.0; tan económico en relación a su potencial que, por eso y muchas cosas más, sigue siendo válido el pensamiento de Lévy, uno de los primeros ciberutópicos citados por Reig Hernández y que, en 1999, dijo: “El ciberespacio no genera una cultura de lo universal porque esté en todas partes, sino porque su forma o idea implican un derecho para el conjunto de los seres humanos” (Reig Hernández, 2012).
  • Se promueve el trabajo colaborativo y de equipo, minimizándose una cierta tendencia a la atomización que, en ocasiones, irrumpe en nuestro quehacer.

Esta alianza entre el trabajo feminista y la llamada Web 2.0 hasta parece natural. ¿Lo es? Lo cierto es que en ambos casos se trata de revoluciones de las que podemos anotar algunos datos comunes: llegaron para quedarse, no han sido cruentas y, por último, han resultado exitosas porque permearon y trastocaron la realidad social y personal en fomento de la vida, sus posibilidades y su diversidad. Hablamos, por una parte, del feminismo como el movimiento social que ha impulsado la transformación de las relaciones sexuales entre los hombres y las mujeres y, por otra, de la web social que dentro de la internet ha cambiado el modo de comunicarnos conectando a todas las personas y generando una dinámica horizontal donde media sólo quién tiene el conocimiento y quién lo necesita, roles éstos que permanentemente se intercambian.

Para el CIEM es un reto de gestión, investigación y acción, mantenernos y desarrollarnos on line.

Referencias bibliográficas

  • Abuín, N. (2009). Las redes sociales como herramienta educativa en el ámbito universitario. Revista Electrónica de ADA-Madrid 3 no. 3.
  • Reig Hernández, D. (2012). Socionomía: ¿vas a perderte la revolución social? Barcelona: Deusto.
  • Tello Leal, E. e. (2010). Análisis de los servicios de la tecnología Web 2.0 aplicados a la educación. Obtenido de NSU: no solo usabilidad: revista sobre personas, diseño y tecnología: http://www.nosolousabilidad.com/articulos/tecnologia_educacion.htm
  • Tommasi, W. (2002). Filósofos y mujeres: la diferencia sexual en la historia de la filosofía. Madrid: Narcea, S.A.
1987-2017, del PRIEG al CIEM: treinta años de investigación, acción y reflexión feministas